Miro. Miro hacia adentro y a cuanto más me indago, más trato de repelerme. Hay algo que no consigo traspasar, algo que va inherente a cualquier mente irracional que expone el máximo exponente de ésta: mis miedos. Son la primera capa que recubre mi torso, mi mente, mi contorno. Intento entrar en mí, pero no puedo. Me agarra con fuerza, me tapa la visión y no consigo observar tras ese algo que no deja que la luz sea filtrada por mis ojos. No hay colores. Solo hay huecos fijados por grandes focos negros. Pero a veces trato de pintarlo todo, y es ahí cuando me percato de que en realidad solo estoy siendo absorbida por la sombra que emerge de mi más profundo subconsciente. Intento buscar soluciones. No quiero. Ver más allá supone explorar territorio inexplorado. Yo no me conozco. Tengo miedo de hacerlo. ¿Tengo curiosidad?
Entonces, reflexiono sobre lo que me gusta, pero el leve susurro de mi subconsciente viene prolongándose formando eco resonante sobre las paredes que son mi mente, hasta ensordecerme. Procuro percatarme de que me quedan más sentidos, el único que necesito es la vista.
Me censuro. Censuro a mi órgano sensorial favorito. ¿Por qué?
...no lo necesito.
Mientras tanto sigo avanzando hacia la búsqueda de colores aún no descubiertos, pero me doy cuenta de que no sé ni qué estoy buscando. Y si no sé qué busco, qué quiero encontrar.
Ah, sí, me busco.
Vamos a ponernos un objetivo. Alba, estás en el último curso de bachiller y conservatorio. ¿A qué te quieres dedicar en tu vida?
¿Me gusta lo que creo que me gusta? ¿Estoy engañándome porque quiero ser producto de la sociedad, me veo coaccionada por este grupo? No lo creo. Pero, ¿qué se supone que debo creer? ¿Debo creer a un ser evocado a sus miedos?
Vale. Te gusta mirar lejos. Te gusta mirar de mucho más cerca. Análisis. Personas. Controlar las situaciones. Escuchar tu entorno.
¿Astronomía? ¿Bioquímica? ¿Psicología? ¿Dirección de Orquesta?
¿Algunas de ellas realmente te gustan?
Intento convencerme de que todas me gustan por igual. Pero sé cuales más me asustan.
La primera la descarto porque sé que mi mente es finita y jamás podría entender algo tan infinito.
Al redactar esto se me ocurren varias carreras más pero trato de obviarlas.
En cuanto a la segunda, es genial descubrir que cada persona es un universo conviviendo en múltiples.
Me encanta la psicología, pero mi paciencia es más finita que mi mente.
Y por último llego a la última opción, la que llevo puliendo 10 años pero no de manera directa. Tocar la guitarra durante este tiempo, las asignaturas que acarrea con ella, los múltiples instrumentos que he ido tocando han hecho que la música vaya más allá que a mis oídos, que vaya a mi mente produciéndose un análisis de ella. Sueño con montar el repertorio que yo quiera. Estudiarme las partituras que me hacen estremecer llegando a su estructura interna para todavía percatarme más de que son obras maravillosas. Llevar una orquesta a mis órdenes, trasladar mi sensibilidad sobre sus instrumentos e intentar representar las obras como los respectivos compositores hacen que me sienta. Pero tengo tantísimo miedo que silencio eso.
Veo más accesible el camino de bioquímica porque se trata de algo más racional (cosa a la que estoy más acostumbrada). Pero lo irracional me da miedo y me repele en última instancia. Tengo miedo de haber olvidado el ritmo más complejo que he aprendido durante años, miedo a que la armonía me falle y ser una inepta. Miedo a perderme leyendo entre tantos pentagramas y no ser capaz de hacer lo que tanto me gustaría hacer. Miedo a no estar a la altura de sobrepasar esa carrera porque diste mucho de mi capacidad.
Mientras tanto, en bioquímica y psicología no tengo miedo. Me encanta descubrir mundo a través de la bioquímica, pero, no sé ya diferenciar si me trato de convencer de que me gusta este mundo o si realmente me gusta y quiero disfrutar de ello toda la vida.
Pero lo que sí que tengo claro es que lo que más miedo me provoca, es de lo que no dudaría convivir toda mi vida con.
Ahora mismo no quiero, estoy súper asustada.
No quiero elegir todavía, me quedan meses.
No entiendo por qué tengo que elegir y no puedo hacer todo.
Bueno, sí.
No entiendo por qué me censuro tanto.
Bueno, sí.
Pero a veces no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario