martes, 14 de febrero de 2017

Desconexión

Hace mucho que soy esclava de este dolor, este dolor que no permito gesticular.
¿Cuánto tiempo más te vas a quedar? Estoy incómoda con tu presencia, vete si no me vas a hablar.
O si no me vas a besar.
Te estás pasando. ¿Por qué te empeñas en dejar la puerta abierta cuando te quieres ir? ¿Por qué nunca me haces caso y cierras al salir? Te he dicho que no puedo dormir con la puerta abierta. 
O que no puedo dormir, si no desconecto, y hace mucho que no me ha pasado.
Por qué me llamas a las 4:00 si luego cuando contesto no estás.
No entiendo cómo no puedes ver que la luz ya no es azul, sino que es negra porque así te lo dije la primera vez, y así se ha quedado en el ambiente porque no estás tú para filtrarla.
Me duele, y el dolor se ha quedado en mi cuerpo, desde el día que me obligué a inyectarlo. Se reproducieron las células, y, una a una, fueron formando tu ausencia. Me escuece.
A veces pienso que el único tratamiento es inyectarme oxígeno, pero pienso que todavía seguirás en mi cuerpo, que tus yemas se han quedado en él y tu esencia también, y, cuando lo pienso, me obligo a dejar de pensar, pero es ahí cuando no puedo. Cuando me doy cuenta de que, si hago cosas, el dolor al final será gesticulado, y, al fin y al cabo, todos guardamos secretos, y yo hoy guardaré que sigues en mi habitación y no se lo diré a nadie.
Aunque quede escrito aquí.

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