domingo, 5 de febrero de 2017

No lo entiendes.

Agonía. Agonía. Agonía. ¿Cuántas veces más podré ser capaz de escribir esta palabra? No. No lo entiendes. La he escrito tres veces, sin embargo, no la he escrito.
Siento frío. Siento como soy todo aquello que se queda en el olvido, que, ¿cómo puedo sentir algo olvidado? Estoy escribiendo.
He escrito, y, mis dedos, con suma torpe agilidad se han postrado ante mi goma, y, como si la mina fuese insignificante, esas palabras nunca han sido escritas.
Necesito atención, socorro.
No, para, no necesito atención. Mi cabeza flota sostenida sobre una mano que ni siquiera la roza. Cómo, me pregunto, cómo. ¿Cómo no voy a estar sola si ni siquiera soy capaz de sentirme?
No puedo sentirme.
Sólo siento cercano todo aquello que es ajeno a mí, y es entonces cuando me pregunto, ¿entonces todo esto es mío?
Qué voy a poseer emociones, soy un ser carente de alma.
Yo, cuya cúspide egocéntrica radica en el pensamiento de ser completa posesión de los sentidos (o sentimientos). Yo, quien las lágrima agita hasta hacerlas desertar, hasta que siento que precipitan por el abismo que son ¿mis? ojos, y lo siento porque siento que ya no puedo más, según tengo entendido.
La oscuridad mantiene firme a este cuerpo inerte, hasta que, ya no se vislumbra ningún cuerpo y puedo ver cómo ambas se solapan: formándome.
Siento que no puedo sentir cuando estoy sintiendo mucho. Siento que este sentimiento se desborda y no es digno de su nominación.
Mi vida reside en unas cuerdas que ni siquiera son mías, qué cojones. Y me poseen. Me atan, muy pero que muy fuerte. Me hacen sangre hasta que me sueltan: yo, me veo las manos cubiertas de este denso líquido. Me hacen daño, quizá no esté sintiendo. Pero me vuelvo a sentar, las uñas se dirigen hacia las cuerdas pero pienso que es más lícito sumergirlas en mi pelo, o en mi cabeza, o en mi cuerpo. Al final opto por mi cabeza y con firmeza las bajo.
Araño toda mi cara (siento que no estoy sintiendo), mi pulgar, junto el dedo índice estiran de las heridas, y, una vez más abiertas, inserto cuantos dedos pueda en ellas. Inserto, inserto, inserto, todo mejor cuánto más adentro. Estoy chorreando de un líquido rojo, y me sorprende que pueda venir de mí, su color es demasiado claro para provenir de este cuerpo.
No, no lo entiendes, lo he escrito cuatro veces, sin embargo, no lo he escrito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario