domingo, 15 de febrero de 2015

Aferrarme a esos días grises enredándome en tu ausencia, sintiendo el frío calando mis huesos, sintiendo el gélido viento de la soledad, que me empuja hasta exiliarme en el olvido. El doloroso olvido inyectado en mi piel, quizá sea mejor que circule por mi sistema nervioso, para así olvidar tu atrevida mirada acompañada de las hirientes palabras que no dejan de entumecer mi cabeza.
Aferrarme... aferrarme en esos silencios cómplices que eran solo nuestros, aferrarme en  el tacto de tus dedos entrelazando con los míos, aferrarme en tu cálida y dulce mirada, aferrarme en tus abrazos adoptando forma de un para siempre, aferrarme... aferrarme...
Y así es como yo me quedé dentro, observando a los demás, desde mi escudo incapaz de ser tomado como inexpugnable. Desde esa frontera, puedo observar la sigilosa sombra del tiempo, a la que nadie es capaz de mirar de frente, intentan esconderse, intentan correr, pero desde mi ventana puedo ver como arrastra todo a medida que pasa él.
La luz oscila, finalmente se apaga, ya no puedo ver nada, solo siento como la punzante lluvia traspasa mi ventana, como vuelve el susurro cada vez más silencioso de tu rostro, como vuelvo a la realidad, (terrible realidad) en la que me encuentro desde que tú ya no estás. 

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