Y cuando os veis ya sabéis que la ilusión va andando con cadenas, el sol ya no tiene ganas de brillar por vosotros, y las estrellas, las estrellas se esconden de vuestra ñoñería, todos los astros están cansados de vuestros poemas comparándoos a vosotros con esas grandes estrellas.
Vuestros ojos buscan los de otros, cansados de ver esas negras pupilas buscando de nuevo esa alegría, (y se oscurecen vuestras pupilas, al saber que ya no brillan).
El paisaje, cansado de ser vuestro cómplice, da paso a la oscuridad. El vergonzoso silencio se presenta, se convierte en pesado, inundando así todos vuestros sentidos. Las palabras llegan, ensordecen, duelen... realmente duelen... llegan a tus oídos en forma de despedida, la tormenta comienza, y sí, está en tu propia cabeza, lo peor de todo es que te persigue y ya no te deja.
La despedida retoma forma en lágrimas, inaguantables lágrimas, se deslizan sobre tus mejillas, esas que esa persona le encantaba agarrar encargándose así de hacerte sonrojar.
Pero es inevitable, que después de aquella noche, tendría que seguir avanzando, sintiéndome de alguna forma distinta, pero sin embargo siendo la misma.
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